El Valle de Lecrín: un lugar único para el cultivo de cítricos

Cuando salimos de Granada en dirección a la costa, a unos 10 kilómetros de la capital y tras pasar las localidades de Armilla y Alhendín, llegamos al puerto de montaña conocido como el Suspiro del Moro. Es justo en ese punto donde comienza uno de los lugares más especiales de la provincia: el Valle de Lecrín, una comarca rodeada de montañas que destaca por su belleza natural y por su tradición agrícola. 

Un valle lleno de historia y pueblos con encanto

El Valle de Lecrín está formado por numerosos pueblos que conservan el carácter rural de la zona. Entre ellos se encuentran Acequias, Albuñuelas, Béznar, Conchar, Cozvíjar, Chite, Talará (también conocido como Lecrín), Dúrcal, Ízbor-Tablate, Mondújar, Murchas, Nigüelas, Padul, Pinos del Valle y El Valle, formado a su vez por Meleguís, Restábal y Saleres.

Es precisamente en Saleres, uno de estos pequeños pueblos, donde se encuentran nuestras tierras y donde cultivamos nuestras naranjas ecológicas. 

La mayoría de estas localidades se han desarrollado sobre laderas suaves situadas al pie de las sierras que rodean el valle, creando un paisaje lleno de contrastes entre montañas, campos de cultivo y pequeños núcleos rurales.

El microclima del Valle de Lecrín

Una de las características más especiales del valle es su diversidad paisajística y climática. La comarca combina zonas montañosas con depresiones naturales entre las sierras. Esta particular estructura hace que, en el centro del valle, la temperatura sea habitualmente varios grados más alta de lo que correspondería por su altitud. 

Este fenómeno da lugar a lo que se conoce como el microclima del Valle de Lecrín. Su climatología está marcada por la influencia mediterránea y por la protección natural que ofrecen las montañas frente a los vientos fríos del norte. Además, la orientación del valle permite aprovechar al máximo las horas de sol y suavizar las temperaturas durante el invierno. 

Gracias a estas condiciones, el valle disfruta de un clima especialmente favorable para la agricultura.

Un lugar perfecto para los cítricos

Este microclima permite que en el Valle de Lecrín se cultiven productos que no suelen ser habituales en zonas de interior, como los cítricos o los aguacates.

Además, el proceso de maduración de la fruta es ligeramente más lento que en las zonas costeras, lo que permite que los frutos permanezcan más tiempo en el árbol y desarrollen mejor su sabor.

De hecho, el Valle de Lecrín es el único lugar de toda la provincia de Granada donde se cultivan cítricos de forma tradicional

Una tradición que se remonta siglos atrás

El cultivo de los cítricos en el valle tiene una larga historia. Se remonta al siglo XI, cuando los árabes introdujeron estos cultivos en la zona procedentes de Oriente.

Una de las particularidades del paisaje agrícola del valle es la combinación de naranjos y olivos en las mismas parcelas. Los olivos se plantaban estratégicamente para proteger a los naranjos de los vientos fríos y de las heladas del invierno, una práctica tradicional que todavía hoy forma parte del paisaje característico de la comarca.

Un paisaje que forma parte de nuestra identidad

El Valle de Lecrín no es solo el lugar donde cultivamos nuestros productos; es también el origen de nuestro proyecto y de nuestra forma de entender la agricultura.

Aquí, entre montañas, sol y tradición agrícola, cultivamos nuestras naranjas ecológicas con el mismo respeto por la tierra que han tenido generaciones anteriores.

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